Ryanair eleva la presión tras el caos aéreo británico

Un fallo técnico en el sistema de control aéreo británico ha provocado una de las jornadas más complicadas para la aviación europea de los últimos años, con alrededor de 2.000 vuelos cancelados y cientos de miles de pasajeros afectados.
La incidencia se produjo en NATS, la empresa responsable de gestionar el tráfico aéreo en Reino Unido. Aunque el servicio pudo restablecerse, las consecuencias se extendieron durante horas por aeropuertos como Heathrow, Gatwick, Manchester y Stansted, generando cancelaciones, retrasos y alteraciones en conexiones de toda Europa.
Ryanair fue una de las compañías más afectadas. Su consejero delegado, Michael O’Leary, ha reclamado responsabilidades a la dirección de NATS y ha pedido la dimisión de su máximo responsable, Martin Rolfe. La aerolínea considera que el sistema debería contar con mecanismos de respaldo capaces de evitar que una avería técnica termine paralizando una parte tan importante del espacio aéreo europeo.
El Gobierno británico ha solicitado a NATS un informe completo sobre lo ocurrido y ha anunciado una revisión independiente a través de la Autoridad de Aviación Civil. Las primeras informaciones descartan que la caída del sistema estuviera relacionada con un ciberataque.
El incidente vuelve a poner sobre la mesa la fragilidad de unas infraestructuras de las que dependen diariamente miles de vuelos. Una interrupción de pocas horas puede desencadenar un efecto dominó que afecta a aerolíneas, aeropuertos y pasajeros mucho más allá del país en el que se origina.
Aunque la programación aérea está recuperando progresivamente la normalidad, todavía pueden producirse retrasos residuales. Los pasajeros con vuelos vinculados a aeropuertos británicos deben comprobar el estado de su viaje directamente con su aerolínea antes de desplazarse al aeropuerto.




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