Dolomites en invierno: refugios, spas y el arte de disfrutar del frío
- Núria Carballo

- hace 2 días
- 4 Min. de lectura

Hay inviernos que empujan a hacer más.Y hay otros —mucho más raros— que te susurran que no hace falta.
El de las Dolomitas pertenece a estos últimos. Aquí el frío no exige movimiento: invita a recogerse. A entrar en calor despacio. A mirar por la ventana cómo las montañas permanecen inmóviles mientras dentro todo se vuelve lento, suave, contenido.
No es un invierno de adrenalina constante. Es un invierno de experiencias profundas.
Un paisaje que impone y no se olvida
Las Dolomitas se extienden entre Tirol del Sur, Véneto y Trentino, formando uno de los escenarios alpinos más reconocibles de Europa. En invierno, su perfil afilado cubierto de nieve adquiere una serenidad casi teatral: la luz es limpia, el silencio real y el paisaje parece colocado con intención.
Aquí la naturaleza no abruma. Acompaña.Y esa es una de sus grandes virtudes: permite disfrutarla tanto a quien esquía como a quien simplemente quiere vivir la nieve sin esfuerzo.
Dormir bien: cuando el pueblo define el viaje
En las Dolomitas, elegir dónde dormir no es solo una cuestión práctica, sino emocional. Cada valle tiene una energía distinta, y en invierno esa diferencia se siente aún más.
Ortisei · Val Gardena
Ortisei es probablemente uno de los pueblos más agradables para vivir el invierno con calma. Su centro es elegante y caminable, incluso con nieve. Cafés tranquilos, escaparates cuidados y hoteles wellness integrados en el paisaje hacen que todo fluya sin fricción.
Desde aquí, el acceso a Alpe di Siusi es casi inmediato: praderas abiertas, nieve suave y una sensación de amplitud que invita a respirar hondo. Es un lugar perfecto para quienes quieren spa, paseos y paisaje, pero también para quienes esquían y valoran volver pronto al hotel para entrar en calor.
Selva di Val Gardena
Selva es más alpina, más recogida. Aquí la montaña está más cerca, más presente. El silencio al caer la tarde es profundo y la sensación de refugio, real.
Es el lugar ideal para quienes buscan naturaleza inmediata, hoteles con spa bien resuelto y esa sensación tan agradable de estar “dentro” del invierno, no observándolo desde fuera.
Corvara · Alta Badia
Corvara es pequeña, cuidada y especialmente refinada en invierno. Todo invita a bajar el ritmo: los hoteles, los restaurantes, el ambiente general.
Aquí el invierno se vive desde el bienestar y la gastronomía, tanto si se esquía como si no. Es una base perfecta para quienes entienden el viaje como una suma de pequeños placeres bien hechos.
Madonna di Campiglio · Trentino
Más amplia y con algo más de vida invernal, Madonna di Campiglio ofrece un equilibrio muy cómodo. Naturaleza envolvente, buenos hoteles con spa y un ambiente activo pero nunca invasivo.
Funciona especialmente bien para viajes compartidos, donde cada persona busca un ritmo distinto sin que nadie sienta que está en el lugar equivocado.
El spa como experiencia central
En las Dolomitas, el spa no se reserva “si sobra tiempo”. El spa estructura el día.
Salir de una sauna de madera mientras el vapor se mezcla con el aire helado. Sumergirse en una piscina exterior desde la que las montañas aparecen blancas y silenciosas. Tumbarse a descansar frente a un ventanal mientras cae la tarde.
Aquí el bienestar es visual, físico y mental.
Algunos lugares donde esta experiencia alcanza su máxima expresión:
Adler Spa Resort Dolomiti: Un clásico del wellness alpino. Piscinas interiores y exteriores, circuitos de saunas y vistas abiertas a Val Gardena. Ideal para combinar esquí suave o paseos con largas horas de spa sin salir del hotel.
Forestis Dolomites: Más que un hotel, un retiro. Arquitectura depurada, silencio absoluto y un spa donde el paisaje entra sin pedir permiso. Aquí el tiempo se diluye de forma natural.
Lefay Resort & Spa Dolomiti: Piscinas infinity que se funden con la montaña, espacios amplios y una sensación constante de profundidad. Un lugar donde el bienestar se convierte en la actividad principal del viaje. Espectacular, enmudece.
Rosa Alpina: Elegante y muy discreto. El spa acompaña, la gastronomía brilla y el conjunto transmite equilibrio.

Comer bien cuando todo invita a quedarse
La gastronomía no es un complemento: es parte del abrigo. Platos calientes, sabores profundos, interiores acogedores y cenas que se alargan sin prisa.
En Val Gardena, mesas como Tubladel o Baita Sofie reconfortan después del frío con cocina alpina bien ejecutada. En Alta Badia, propuestas como St. Hubertus o La Stüa de Michil convierten la tradición ladina en una experiencia refinada y tranquila. En Trentino, Ristorante Stube Hermitage o Il Gallo Cedrone invitan a cenas largas, de esas que sellan el día.
Y luego están los refugios de montaña, accesibles incluso sin esquiar, donde un plato caliente frente a la nieve se convierte en recuerdo.
Un invierno que admite todos los ritmos
Esa es, quizá, la gran virtud de las Dolomitas: no obligan a elegir.
Se puede esquiar por la mañana y volver al spa por la tarde. O no esquiar en absoluto y vivir el día entre paseos suaves, bienestar y buena mesa.
Aquí el invierno se adapta a quien llega. Y eso lo cambia todo.
Experiencias que recomendamos
Estas son las experiencias que hemos disfrutado y os recomendamos sin dudarlo ni un segundo.
Getaways by Ella
Si te apetece vivir las Dolomitas en invierno sin preocuparte por la organización, en Getaways by Ella diseñamos escapadas a medida combinando alojamiento seleccionado, experiencias icónicas y extras exclusivos según tu forma de viajar.



Comentarios